La historia de la Finca “El Pacífico” inicia en el año de 1854 con la introducción de la aromática rubiácea al estado de Oaxaca a manos del cura párroco de San Agustín Loxicha, el Lic. en teología don José María Cortés, a quien se atribuye la siembra de las primeras matas de café en la región; antes de ser destinado por la mitra a servir en dicha parroquia, el presbítero Cortés fungió 3 años como párroco en Acayucan Veracruz, sitio en donde adquirió el hábito de beber café y se instruyó en la forma de cultivo del mismo, para posteriormente plantar algunos cafetos en las inmediaciones de la iglesia de Loxicha. ​Éste hecho, aunado a la baja de precios que presentaba la grana cochinilla cultivada en Miahuatlán propició el inició del cultivo del café en forma de explotación agrícola; al considerarle una solución viable para reestablecer la economía del estado, el café fue desarrollado e impulsado por los señores: Juan Francisco y Juan María Mijangos, Ramón R. Ruiz, Pablo Martínez, Pedro Díaz, Basilio y Vidal Rojas, precursores de la cafeticultura en el estado.

“…El cultivo de la grana cochinilla había sido en Miahuatlán la principal fuente de riqueza, si no es que la única, teniendo en cuenta las condiciones de las tierras del distrito, tan áridas y tan pobres que sólo el nopal producía rendimientos económicos suficientes para sostener a la población. Desde 1810 la grana había ido sufriendo una merma en el precio, cada vez más considerable, hasta llegar a abatirse a un extremo de incosteabilidad, como sucedió en los años de 1861 y 1862 en que algunos comerciantes se vieron obligados a viajar a Veracruz para realizar la venta directa de su artículo en aquel puerto, siendo en él donde por primera vez fueron informados de las excelencias del café, y de la posibilidad de cambiar el cultivo de la grana por aquel, haciéndoles la sugerencia de que al regreso se detuvieran en córdoba para obtener mayores detalles…” (Rojas, 1964:47).

Ante la latente posibilidad de sustituir el nopal por el café, se encomendó a don Basilio Rojas que estudiara a detalle éste negocio (su comercio, beneficio, siembra) y lo planteara en forma de proyecto a la comunidad interesada en el cultivo del exótico café. Desafortunadamente, debido al clima de inestabilidad económica, política y social que imperaba en el país en aquel periodo, a causa de la guerra contra los franceses, dicho proyecto se dio a conocer hasta 1868 y se puso en marcha cinco años más tarde con el establecimiento de la compañía de Miahuatecos, sociedad encargada de la introducción del cultivo del café en la región.

“…El terreno señalado como ideal para el cultivo del café, era aquel que caía en medio de la sierra y la costa, de clima templado húmedo; tierra donde ya no crecen oyameles ni ocotales, pero donde tampoco fructifica el cocotero; terreno de guarumbos y cuajinicuiles, armadillos y caudas…” (Rojas, 1964:49)

En el transcurso de éste periodo don Basilio Rojas expuso a aquellos individuos las ventajas y desventajas que la cafeticultura conlleva e indicó claramente que la única objeción que él veía para el desarrollo del proyecto era la forma de adquisición de las tierras propias para el cultivo de la rubiácea, puesto que el distrito de Miahuatlán no contaba con tierras de esa calidad, éstas se localizaban en los distritos de Pochutla y Juquila. Por ello era apremiante entrar en arreglos con los pueblos propietarios de aquellas tierras para conseguir la cesión libre y legal de las mismas, a fin de evitar futuras complicaciones y cimentar una negociación agrícola firme y duradera.

 

Se funda “Pluma Hidalgo”:

Fue así como a finales de 1873, después de resolver algunas diferencias con los pueblos aledaños al sitio considerado por los hermanos Mijangos (jefes de campo de la compañía) como el indicado para establecer los cafetales, partió una expedición rumbo un lugar cercano a San Isidro del Camino denominado como el Cerro de la Pluma. Ahí se instaló el campamento, se iniciaron los trabajos y se montaron los primeros almácigos, mismos que fueron empleados el año siguiente (1974) para sembrar las primeras cuarenta mil matas de café en el estado de Oaxaca; actualmente “La Providencia” es considerada la primera plantación que hubo de ésta magnitud y la primera finca cafetalera en toda la entidad. El éxito del proyecto hizo que el entusiasmo de los iniciadores se contagiara a casi toda la gente de Miahuatlán; bajo los efectos de la fiebre del café la gente acaudalada buscaba acrecentar su riqueza, mientras que los pobres anhelaban hacerse de un sitio donde sus esperanzas dejaran de ser sueños irrealizados. La continua afluencia de tantas personas trajo consigo el problema del acomodo y la ubicación de las mismas, lo que demandaba la presencia de una autoridad civil que vigilara y coordinara dicha situación, por lo que los pioneros de la providencia se vieron en la necesidad de establecer una fundación legal, un pueblo con ayuntamiento para que este fuera quien gobernara a los colonos y tuviera autoridad legal. Fue así como se iniciaron las gestiones ante el gobierno y pese a los problemas que surgieron pocos años después los deseos de los cafetaleros quedaron satisfechos con el decreto expedido por el gobierno del estado el primero de diciembre de 1880, documento en el cuál se estipula la creación del pueblo de Pluma Hidalgo.

 

Se funda “El Pacífico”:

Fue así, bajo los efectos de la euforia del café como don Pablo Martínez en sociedad con don Feliciano García adquiere a mediados del mismo año (1880) un lote de terreno ubicado al extremo noroeste de Pluma Hidalgo y en él funda la finca “El Porvenir”; algunos años más tarde don Pablo Martínez tras romper la sociedad establecida con don Feliciano García se instituye como el único dueño de ésta finca cafetalera, misma que a la fecha ya contaba con más de treinta mil matas de café de la especie coffea arabiga. ​En el periodo transcurrido entre 1882 y 1887, don Pablo Martínez adquiere dos lotes de terreno ubicados en las inmediaciones de “El Porvenir”, en los que funda las fincas “Copalita” y “El Pacífico”; de tal modo que en el conteo de fincas existentes en el estado en el año de 1896, don Pablo Martínez era propietario de las tres fincas previamente mencionadas y además contaba con una nueva adquisición, la finca “El retiro”. Así pues, con cuatro fincas cafetaleras activas don Pablo Martínez busco asegurar la venta de su producción y estableció un convenio con una abarrotera del norte del país, en el que año con año él recibiría el efectivo necesario para levantar su cosecha y enviarla vía navío al puerto de Mazatlán, para posteriormente ser transportada a Culiacán Sinaloa sitio en donde residían sus acreedores, la familia Hernández Mendía dedicados desde su llegada de España a la compra y venta de abarrotes, cereales, granos, semillas y verduras.

 

Primera crisis cafetalera:

A inicios de 1897 tras dieciséis años de beneficio económico, la cafeticultura oaxaqueña experimentó su primera crisis económica a consecuencia de la inestabilidad política existente en el país, situación que imposibilitaba las comunicaciones, transportes y detenía las exportaciones del aromático; ello provocó una saturación del mercado con una abrumadora sobreoferta, lo que ocasionó que el precio del aromático se desplomara al punto de pasar de $35.0 a $6.0 pesos el quintal. ​Así pues, mientras la mayoría de los finqueros se iban a la quiebra, abandonaban, vendían o entregaban sus plantaciones a los acreedores para solventar los compromisos económicos adquiridos; aquellos finqueros que sobrellevaron la crisis, se vieron en posibilidades de comprar otras fincas para aumentar sus tierras; tal fue el caso de don Pablo Martínez, quién después de haber sorteado satisfactoriamente los efectos de la crisis ensanchó sus tierras al adquirir con capital que le había sido enviado de Culiacán cuatro fincas más: “El Paraíso”, “El Refugio”, “Constancia” y “Palo de Arco” (todas ellas ubicadas a las afueras de sus propiedades antes mencionadas), de tal modo que en suma, a inicios de siglo éste personaje llegó a poseer ocho fincas cafetaleras.

 

“El Pacífico” llega a manos de la familia Hernández Mendía:

Sin embargo, corto fue el tiempo don Pablo Martínez conservó sus propiedades, ya que en 1904 a tan solo unos años de la primera crisis el precio del café se desplomó nuevamente ante los desequilibrios del ya inestable mercado; y él, descapitalizado y vulnerable a las demandas de la abarrotera del Norte que exigía el envío de las cosechas y la retribución del capital invertido, se vio en la necesidad de entregar siete de sus fincas para saldar éste adeudo. Fue así, como la familia Hernández Mendía recibió dichas plantaciones cafetaleras, mismas que administró a distancia hasta 1914, año en que cambiaron de propietario. Fue en el año de 1908 que el español Carlos Gómez Fernández, hombre joven, soltero, letrado y con grandes aspiraciones de vida, desembarcó en el puerto de Mazatlán en busca de unos familiares que se dedicaban al comercio, eran abarroteros y vivían en Culiacán Sinaloa al norte del país, sus tíos, los señores Hernández Mendía. Así pues, después de unos días de camino y una vez bajo su amparo don Carlos vivió y trabajó con ellos un poco más de cinco años como agente viajero, compraba y vendía artículos de abasto (tales como garbanzo, tomate, semillas, azúcar etc.) en diversos puntos de la república, a cambio recibía una paga mensual de $5,000.00 pesos mexicanos, mismos que solicitó se le guardaran para formar un fondo de ahorro. Fue a mediados de 1912 que don Carlos Gómez Fernández mientras atendía la abarrotera de sus tíos, conoció y simpatizó con el general brigadier Álvaro Obregón; quien trasladaba de Sonora a la capital una fuerza armada integrada por 300 indios yaquis en apoyo del presidente revolucionario Francisco I. Madero y al pasar por Culiacán decide acampar, pasar la noche y reabastecer provisiones puesto que el camino por recorrer aún era largo. Cabe mencionar que unos años más tarde, éste suceso sería de gran trascendencia y utilidad en la vida de don Carlos. A finales de 1913 ante la inestable situación política que se vivía en el país a causa de la revolución, los señores Hernández Mendía temerosos de su porvenir, deciden regresar a España mientras su sobrino opta por permanecer en el país; de tal modo que al tiempo de liquidar sus servicios que equivalían al monto de $25,000.00 pesos mexicanos, sus tíos le dan a elegir entre el dinero en efectivo o unas propiedades que poseían al sureste del país, en la zona cafetalera de Pluma Hidalgo y la suma de $3,000.00 pesos en efectivo como diferencia de la transacción realizada. Así pues, Don Carlos finalmente escoge la segunda opción y con ella inicia una nueva vida entre las montañas de la sierra Madre del Sur de Oaxaca.

 

“El Pacífico” propiedad de tres generaciones de la familia Gómez:

A inicios de 1914 procedente de Culiacán Sinaloa arribó a Pluma Hidalgo don Carlos Gómez  Fernández; sin conocimiento alguno sobre cafeticultura tomó posesión de sus propiedades, siete fincas de belleza incalculable; a pesar de esto, don Carlos decidió vender las fincas “El Retiro” y “Palo de Arco” para conservar únicamente a cinco de ellas: “Constancia”, “Copalita”, “El Pacífico”, “El Paraíso” y “El Refugio”. Al percatarse durante su viaje a Pluma del continuo tráfico de mercancías que existía en la zona, tras apelar a su experiencia como comerciante, don Carlos se hizo de diez mulas de carga con las que inició un pequeño negocio dedicado al transporte de sacos de café a Puerto Ángel, mismo que le permitía en el trayecto de regreso comprar diversos abarrotes que posteriormente vendía en Pluma Hidalgo. Mientras el gobierno de Oaxaca se proclamaba a favor del régimen de Victoriano Huerta en marzo de 1914, en el estado diversos grupos de Constitucionalistas se manifestaban en contra de las decisiones del gobernador Miguel Bolaños Cacho; quien al no poder controlar dichos levantamientos pide apoyo militar a Huerta, hecho que desata una persecución en contra de todas aquellas personas acusadas de simpatizar con el Carrancismo (Gobierno del estado de Oaxaca – SEP, 2000:181). Tan solo unos días después, llegó a Pluma una división del ejercito federal con la misión de encarcelar a todas aquellas personas que simpatizaran con la ideología Carrancista, fue así como don Carlos Gómez Fernández fue llevado preso al cuartel general de Salina Cruz, en donde permaneció durante cuatro meses. Ya para julio de 1914, con la renuncia del gobernador M. Bolaños Cacho y la salida de Victoriano Huerta del país, las tropas constitucionalistas dirigidas por Obregón, Villa y Zapata entraron triunfales a la ciudad de México y don Venustiano Carranza fue designado presidente interino (Gobierno del estado de Oaxaca – SEP, op. cit., :83). Éste hecho alentó a don Carlos a enviar una carta al general Obregón, en donde le explicaba su situación y pedía su apoyo para salir de prisión; así pues, a los pocos días de recibida la carta, un emisario del general brigadier Obregón se presentó en el puerto de Salina Cruz con la comisión de libertar y escoltar a don Carlos Gómez Fernández hasta su morada en Pluma Hidalgo. Una vez en casa, tras recuperarse del encierro don Carlos retomó las riendas de sus negocios, se estableció por completo, contrajo matrimonio y tuvo familia; mientras tanto, al transcurrir los años, con trabajo y constancia los negocios prosperaron, llegó a contar con noventa mulas de carga y poco a poco de manera empírica, mediante la observación y el trato diario con los campesinos, se empapo del negocio del café hasta llegar a poseer bastos conocimientos sobre el cultivo y comercio de la rubiácea, los cuales le permitieron colocar a sus fincas entre las más productivas, conservadas y de mejor calidad en grano de toda la región. Para el año de 1938 el primogénito de don Carlos Gómez Fernández, el joven Carlos Gómez Sánchez nacido en Pluma Hidalgo y con la firme intención de continuar con el legado del café, le hace a su padre la petición de compra de la finca “El Pacífico”, misma que es aceptada, efectuada y totalmente finiquitada en tan solo unos años, gracias a la estabilización del mercado a consecuencia de la absoluta recuperación de los precios del café. Asimismo, don Carlos Gómez hijo logró adquirir el patrimonio y la independencia económica necesarios para unirse en matrimonio con la señorita Elena Schmerbitz Martínez, con quien establece una familia y procrea siete hijos, todos ellos criados, educados y formados con los usufructos del café.

“…La alza del precio del café en 1940 y la completa recuperación de los mismos en 1950 fueron sucesos que permitieron a muchos finqueros de Pluma obtener un margen de ganancias mucho mayor al de años anteriores, con lo que recuperaron la solvencia de antaño, dieron mantenimientos a sus instalaciones y equipos e incluso aumentaron sus plantíos de café…” (Rojas B., 1964:16).

A la muerte de don Carlos Gómez Fernández, su hijo don Carlos Gómez Sánchez queda como administrador y albacea de las propiedades del padre, razón por la cual en cumplimiento con la voluntad del finado, adquiere la finca “Copalita” y distribuye el resto de las propiedades (las fincas “Constancia”, “El Paraíso” y “El Refugio”) entre sus hermanas. De éste modo, don Carlos hijo llegó a ser dueño y señor de dos fincas cafetaleras: “El Pacífico” y “Copalita”, mismas que  trabajó con dedicación y esmero como su padre lo hiciera algún día; así pues, al mantener la excelente calidad del grano que les caracterizaba, logró que su café se cotizara a un alto valor comercial entre los mejores de todo Pluma Hidalgo. >Años más tarde en 1978, la historia parece repetirse nuevamente cuando el primer hijo varón de don Carlos Gómez Sánchez, el joven A. Antonio Gómez Schmerbitz tras contraer nupcias con la señorita Sara Galguera García, compra a su padre la finca “El Pacífico”, sitio donde se independiza, establece una familia y procrea tres hijos. Así pues, desde entonces y a la fecha, don “Toño” (como comúnmente se le conoce) habita en “El Pacífico”, día a día trabaja la tierra con el mismo ahínco y esmero de sus antepasados continuando el legado que ha prevalecido ya en tres generaciones de la familia Gómez: …la tradición cafetalera.